All Time Low en Madrid: pop punk en combustión (y una cuña de manchego como trofeo)

17.02.2026

Madrid volvió a convertirse en punto de encuentro para el pop punk internacional con la llegada de All Time Low a La Riviera. Desde las 20:30, el ambiente ya venía cargado de electricidad. Hubo actuaciones previas, sí, pero no especialmente destacadas, y la sensación general era clara. Toda la expectación estaba puesta en el cuarteto estadounidense.

Cuando la sala terminó de apretarse, La Riviera presentaba un aspecto inmejorable. Pista llena, gradas animadas y un público que ya cantaba y saltaba antes de que se apagaran las luces. Y, en cuanto sonó la primera nota, se confirmó lo inevitable, que iba a ser una noche intensa, sin tregua y con la energía por delante de todo.

Un neón, un mensaje y la estética exacta para el caos

El escenario estaba presidido por un gran neón con el mensaje "EVERYONE'S TALKING", nombre del álbum y de la gira. Una idea sencilla, casi minimalista, pero tremendamente efectiva, una firma visual que lo decía todo sin robar protagonismo a lo importante.

El juego de luces acompañó cada cambio de ritmo con precisión, reforzando los momentos más explosivos y elevando los estribillos sin convertir el concierto en un festival de distracciones. Todo funcionó como debía, la banda al frente, el público como motor y la producción sosteniendo el golpe.

Setlist de clásicos y gritos compartidos

El concierto fue una descarga casi continua, con canciones que el público recibió como si fueran parte de su propio historial emocional. Entre los temas más celebrados estuvieron "Suckerpunch", "Weightless", "Poppin' Champagne" y "Lost in Stereo", convertidas en gasolina para una sala que no bajó los brazos en ningún momento.

Y, como manda la tradición, el broche fue "Dear Maria, Count Me In". Ahí La Riviera dejó de ser sala para convertirse en coro colectivo, con miles de voces cantando al unísono como si no existiera nada fuera de esas cuatro paredes.

También hubo pausa para respirar (y cantar igual)

Entre tanta adrenalina, hubo espacio para bajar un punto la intensidad sin perder la conexión. Momentos como "Remembering Sunday" o "Missing You" cambiaron el pulso. La sala se volvió más íntima, más emotiva, pero con una constante que no se rompió ni un segundo, nadie dejó de cantar.

Fue ese tipo de contraste que hace que el concierto no sea solo una fiesta, sino también una experiencia compartida de ruido y emoción conviviendo en la misma noche.

El detalle que nadie vio venir: queso manchego en el escenario

Uno de los momentos más curiosos (y claramente inolvidables) llegó cuando un fan le entregó a la banda una cuña de queso manchego. Risas en el escenario, risas en la sala, y esa sensación de espontaneidad que convierte una gira en algo irrepetible ciudad a ciudad. Un gesto absurdo, perfecto y totalmente madrileño, un recuerdo que ya es parte del show.

Dos bises para estirar la tensión

All Time Low jugó con los tiempos y se guardó dos encores, el primero antes de interpretar "Everyone's Talking" y el segundo antes de "The Weather", manteniendo la tensión y la expectación hasta el último tramo. Esa estructura hizo que el concierto no se desinflara en la recta final, sino todo lo contrario, cada vuelta al escenario era un "todavía queda más".

En lo técnico, el concierto se sostuvo con solidez. Sonido estable, sin problemas reseñables, y una iluminación dinámica que acompañó cada tema con intención. Pero lo que realmente marcó la noche fue otra cosa, la actitud del público. Saltos, palmas, coros constantes y esa entrega total que convierte a La Riviera en una olla a presión cuando el cartel lo merece.

En poco más de hora y media, All Time Low dejó claro por qué sigue siendo referencia del pop punk actual, energía constante, conexión real con la gente y un repertorio que en directo sigue funcionando tan bien como el primer día. Madrid habló, y ellos respondieron con gasolina.


Redacción: Arthur Leonardo