Ana Belén en Madrid: un cierre de gira sin fuegos artificiales (y por eso mismo, perfecto)

24.12.2025

El 23 de diciembre, en un Movistar Arena con aire de cita importante, Ana Belén puso el broche final a su gira "Más de Ana" en Madrid. Y lo hizo con una decisión que hoy parece casi radical en los grandes recintos: no convertir la noche en un espectáculo de fuegos artificiales, sino en un lugar para escuchar.

No hubo una puesta en escena diseñada para deslumbrar a base de estímulos. No hacía falta. La fuerza del concierto estaba en otro sitio, en la calma, en la presencia de Ana, en ese modo suyo de sostener una canción como si la estuviera diciendo al oído aunque haya miles de personas delante.

Un concierto importante, se notaba en el ambiente

Desde los primeros minutos se percibió que no era una fecha cualquiera. Era la última de la gira y el público lo vivía como tal. La sensación general fue la de una sala entregada, pero de una manera bonita, no como euforia ruidosa constante, sino como ese respeto emocionado que aparece cuando alguien canta un repertorio que forma parte de la vida de mucha gente.

En la grada y en la pista había edades mezcladas, seguidores de toda la vida y también gente más joven, atraída por un cancionero que ha pasado de generación en generación como pasan las cosas que importan.

Canciones que no necesitas saber para cantar

El repertorio fue uno de esos que funcionan incluso si no te sabes toda la letra, porque las canciones están tan instaladas en el imaginario colectivo que basta con oír el arranque para que el cuerpo se acuerde.

Cuando sonaron "Sólo le pido a Dios", "Yo vengo a ofrecer mi corazón" o "La puerta de Alcalá", ocurrió lo inevitable, el público cantó. Y no en modo karaoke superficial, sino como un coro espontáneo, de esos que por momentos te hacen sentir que el recinto se vuelve una sola voz. Hubo aplausos largos, de los que no se cortan rápido, como si la gente quisiera estirar la escena unos segundos más.

Entre tema y tema: Ana Belén, cerca

Sin convertirlo en un monólogo, Ana habló lo justo y necesario para construir cercanía. Agradeció, miró alrededor, se tomó el tiempo de reconocer lo que significaba cerrar la gira en casa. Se la vio emocionada, y eso, en un concierto así, pesa más que cualquier gran efecto.

Y en esa sencillez también estuvo el detalle estético. Un vestido naranja que rompía con lo típico de las fechas navideñas y que, sin robar protagonismo a la música, sumaba carácter a la imagen de una artista que sigue pisando el escenario con personalidad propia.

El concierto no buscó impresionar. Fue una noche pensada para disfrutar sin prisa, para repasar una carrera sin necesidad de subrayados y para despedirse con una sensación clara, esto era importante.

Al salir, lo que quedaba no era la impresión de un show gigantesco, sino algo más valioso y difícil, la certeza de haber vivido un final de gira bonito, honesto, sin estridencias. Un cierre que no necesitó levantar la voz para hacerse escuchar.

Ana Belén, en Madrid, hizo lo que solo hacen los grandes: llenar un recinto con canciones y verdad.


Redacción: Alessandra Molina

Acreditación: Get In