Dillom en Madrid: la última gota de “Por cesárea” antes de cerrar la herida

19.02.2026

La apertura de la gira en España no podía ser más simbólica. Madrid fue la primera parada de cuatro fechas en el país, exprimiendo la última gota de "Por cesárea" antes de cerrar una etapa que nos ha acompañado durante casi dos años. Y, sobre el escenario, Dillom hizo lo que mejor se le da, recordarte que hay artistas que nacen para incomodar lo justo, para emocionar sin pedir permiso y para demostrar que lo peor que te puede pasar en la música es producir indiferencia. La suya, desde luego, no la produce.

Un inicio instrumental y un universo que no te deja mirar a otro lado

El concierto abrió con "Irreversible", una pieza instrumental que funciona como prólogo, durante algo más de una hora y media, lo que viene es un universo incómodo, perturbador, casi hipnótico. Desde el primer minuto, las pantallas proyectaron imágenes inquietantes, esa marca visual que Dillom ya lleva como sello. Y entonces, entre luces, apareció la formación que lo acompañaría toda la noche: guitarrista y batería sosteniendo el pulso, mientras Dillom entraba con su guitarra eléctrica, su traje característico, y el primer golpe serio de la noche, "coyote".

En el público, como era de esperar, los primeros pogos empezaron a dibujarse casi sin pedir permiso.

"Por cesárea" manda, pero el pasado también muerde

Aunque el protagonista era "Por cesárea", Dillom no olvidó lo que lo trajo hasta aquí. Hubo repaso por "Post-Mortem", ese disco con el que murió y renació, y con el que dejó de ser promesa para convertirse en figura imprescindible de la nueva escena argentina. En directo, ese contraste funciona, lo nuevo pesa, lo anterior sigue mordiendo, y el show se siente como una sola narrativa, más que como un setlist suelto.

Cercanía en medio de la oscuridad

Entre tanta estética oscura, el concierto tuvo algo que lo equilibra todo, cercanía real. Dillom no juega a ser inaccesible. Se acercó a la valla, recogió un cuadro que le entregó una fan y, por momentos, hizo desaparecer esa distancia típica entre artista y público.

Hubo incluso un gesto tan absurdo como perfecto para la noche, se quitó el cinturón y lanzó algunos cinturonazos al aire, no desde la agresividad, sino como parte del juego, con el público totalmente cómplice. Una especie de teatro punk que, en su mundo, encaja porque nunca se siente vacío: siempre hay intención.

"Cirugía": el momento de comunión

Volviendo a "Por cesárea", llegó uno de los instantes más significativos cuando, antes de interpretar "Cirugía", agradeció al público por "hacerle el aguante y hacerlo sentir local", y dejó claro que le gusta tocar en España. Fue una frase pequeña, pero con peso: la idea de pertenecer por una noche a un lugar que no es tu casa, y hacerlo tuyo.

La canción desató lo inevitable, gritos, saltos, una sala donde no quedaba un alma sin cantar.

"Buenos tiempos" como cierre: pogo, sudor y caos celebrado

Y para cerrar, como no podía ser de otra manera, "buenos tiempos". Un final que terminó de definir la noche, pogos, sudor, y una celebración del caos entendida no como descontrol, sino como lenguaje. Dillom no busca la perfección pulida, busca el impacto, la emoción, la complicidad. Y lo consigue.

En definitiva, su paso por Madrid dejó una idea clara, su propuesta va más allá de las canciones. Tiene una capacidad rara para hacerte sentir cómplice, para incomodar sin alejar, para angustiar sin apagar. Y, sobre todo, para recordarte que aún queda mucho por ver.

Tras el concierto, lejos de desaparecer, Dillom se quedó. Dedicó minutos a sus asistentes, firmando y agradeciendo. Un gesto sencillo, pero coherente con todo lo que había pasado dentro, el vínculo no termina cuando la sala se vacía.

Si lo peor que puede pasar es producir indiferencia, Dillom se asegura de que nadie se vaya sintiéndose invisible.


Redacción: Eva María Sierra