Gorillaz convierten el Primavera Sound en una gigantesca pista de baile

09.06.2026
La última jornada del Primavera Sound 2026 estuvo llena de nombres capaces de sacar buenos titulares. Mientras Olivia Rodrigo protagonizaba uno de los momentos más comentados del festival junto a Robert Smith y My Bloody Valentine levantaba sus habituales muros de ruido en otro punto del recinto, fue Gorillaz quien terminó firmando uno de los conciertos más grandes y celebrados de la noche. 

Con una explanada abarrotada frente al escenario principal, el proyecto liderado por Damon Albarn volvió a demostrar por qué sigue siendo una de las propuestas más singulares y transversales de la música contemporánea. Pocas bandas son capaces de moverse con tanta naturalidad entre el hip-hop, la electrónica, el pop alternativo, el funk y la música negra sin perder identidad propia. Y pocas consiguen transformar un festival entero en una fiesta colectiva como hicieron en Barcelona.

La actuación arrancó con un momento de reflexión. Antes de que sonara la primera canción, el activista palestino Arab Barghouti apareció sobre el escenario para compartir unas palabras de su padre, Marwan Barghouti, centradas en la libertad y el respeto. Fue una introducción solemne que recordó que incluso en un entorno festivo como Primavera Sound la música continúa dialogando con la realidad que la rodea.

Pero una vez arrancó el espectáculo, Gorillaz desplegó todo su arsenal. Lo que siguió fue un viaje frenético por algunas de las canciones más emblemáticas de su catálogo, sostenido por una banda impecable y por la capacidad de Albarn para ejercer de maestro de ceremonias sin perder nunca la cercanía con el público.

La respuesta de la audiencia fue inmediata. Miles de personas convirtieron la explanada del Fórum en una inmensa pista de baile donde generaciones diferentes compartían espacio bajo una misma banda sonora. Sonaron clásicos como "19-2000", "DARE" y una colección de himnos capaces de atravesar décadas sin perder vigencia.

Uno de los momentos más celebrados de la noche llegó precisamente con "DARE", interpretada junto a Little Simz, una de las artistas destacadas de la jornada. La colaboración reforzó el carácter colectivo y multicultural que siempre ha definido el universo Gorillaz, donde los invitados no son simples apariciones puntuales, sino piezas fundamentales de la narrativa musical del proyecto.

Y cuando parecía que el concierto ya había alcanzado su punto máximo, llegó el tramo final. Primero con una explosiva interpretación de "Feel Good Inc." que elevó definitivamente la temperatura del recinto y que contó con la aparición sorpresa de Posdnuos. Después, con "Clint Eastwood", una de las canciones más icónicas de toda la historia de Gorillaz y el broche perfecto para una actuación que funcionó como una celebración constante.

Más allá del repertorio, el concierto volvió a poner de manifiesto una de las grandes virtudes de Damon Albarn: su capacidad para convertir un proyecto que nació como una idea experimental y multimedia en una experiencia profundamente humana. Las pantallas, la iconografía visual de la banda y las colaboraciones convivieron con una sensación permanente de espontaneidad que evitó cualquier rastro de espectáculo prefabricado.

La actuación de Gorillaz llegó además en una jornada especialmente rica en contrastes musicales. Little Simz ofreció una exhibición de energía y carisma sobre el escenario principal, mezclando hip-hop, soul y jazz con absoluta naturalidad. Por su parte, Dijon protagonizó una de las revelaciones del festival con un concierto de rhythm and blues contemporáneo que evocó el espíritu de Prince sin caer en la imitación. Y en el Auditori, Beverly Glenn-Copeland ofreció una de las actuaciones más conmovedoras de toda la edición, en una aparición que podría ser una de las últimas de su carrera.

Sin embargo, cuando la lluvia amenazaba tímidamente y la última noche del Primavera Sound comenzaba a despedirse, fue Gorillaz quien consiguió reunir a miles de personas alrededor de una misma celebración. Un concierto construido desde la diversidad sonora, la cultura popular y la capacidad de generar comunidad a través de la música.  

En un festival donde casi todo el mundo acabó bailando, Gorillaz se encargó de que nadie se quedara quieto. Y esa, probablemente, sea la mejor definición posible de su paso por el Primavera Sound 2026. 


Redacción: Izan López

Share