Destroyer (KISS): el disco que enseñó al hard rock a sonar como un show

Hay álbumes que son buenos. Hay álbumes que son importantes. Y luego están los que, sin pedir permiso, cambian el tamaño de la habitación.
En 1976, un año tan desbordante de lanzamientos que parece imposible abarcarlo, KISS publicó un disco que reforzó su identidad, y que, además, la convirtió en mitología popular. En 2026, Destroyer cumple 50 años, y lo curioso es que sigue funcionando como lo que siempre fue, un manual de cómo hacer que el rock suene enorme, incluso cuando nace de un riff sencillo.
Destroyer es el momento en el que KISS decidió dejar de sonar como una banda de directo para sonar como un evento.
1976: cuando el rock se multiplicaba (y KISS apostó por la grandeza)
La escena de mediados de los 70 era un hervidero: hard rock, glam, proto-metal, punk asomando en la esquina, y un público que empezaba a entender los conciertos como algo más que música. En ese contexto, KISS ya era un fenómeno visual, pero todavía estaba terminando de encajar su traducción al estudio.
Y entonces llega Destroyer, un disco que encaja el golpe. La banda mantiene su ADN callejero (los riffs, la actitud, el gancho), pero lo envuelve en un tratamiento que lo lleva a otra liga de coros más grandes, producción más dramática, arreglos que subrayan los estribillos como si estuvieras viendo un final de temporada en televisión.
El resultado fue un álbum que hizo algo clave para el rock duro, lo volvió cinematográfico.
El secreto de Destroyer: todo suena "más" sin perder la pegada
Si Destroyer tiene una cualidad central, es ambición controlada. No es un disco experimental, pero sí es un disco que entiende el estudio como herramienta de narrativa.
-
Riffs simples pero grandes, diseñados para grabarse en la cabeza.
-
Estribillos pegadizos que entran y se quedan.
-
Capas de producción más complejas.
-
Y una sensación constante de show, incluso cuando la canción es melancólica, hay una teatralidad que la eleva.
Ese enfoque influyó en toda una generación posterior, desde el hard rock más comercial hasta ciertas ramas del heavy metal que entendieron que pesado también podía significar grandioso.

Parte del poder de Destroyer es que no depende de una sola pista. Es un disco con varios momentos que se convirtieron en referentes por razones distintas.
-
"Detroit Rock City": la carretera, el ruido, el mito. Un inicio que ya te mete en movimiento.
-
"Shout It Out Loud": el hit perfecto, directo, coreable, de puño arriba.
-
"Beth": la sorpresa emocional que amplió la idea de lo que KISS podía ser. (Y demostró que un tema suave puede ser el golpe más grande)
-
"God of Thunder": oscuridad, peso, presencia. Un pilar para quienes buscaban algo más "metal" antes de que el metal fuese el monstruo global que sería después.
La clave está en que Destroyer equilibra lo inmediato con lo icónico. Parece que además de tener canciones, tiene escenas.
Por qué sigue importando 50 años después
Medio siglo más tarde, Destroyer sigue vigente por una razón muy sencilla, y es que entiende el rock como identidad. No se limita a sonar bien, suena a algo. A una era, sí, pero también a una forma de vivir la música más grande, más exagerada, más divertida, más dramática... más sin complejos.
Y eso, en un tiempo donde todo compite por tu atención a velocidad de TikTok, se ha convertido en una rareza valiosa.
Además, su influencia no caduca, se ve en cada vez que escuchas un estribillo diseñado para que lo grite una sala entera, cada vez que un grupo convierte un riff simple en un momento de estadio... En cada uno de estos momentos hay un trozo de Destroyer ahí dentro.

KISS ya tenía el personaje. Ya tenía el maquillaje. Ya tenía la promesa.
Pero con Destroyer encontró algo más difícil, encontró un disco que aguanta la leyenda. Un álbum que no solo representa una etapa, sino que representa una idea completa del rock, como lo exagerado, lo épico… y aun así, extrañamente humano.
En 2026, celebrar sus 50 años es mirar atrás recordando que hubo un momento en que el hard rock aprendió a sonar como una superproducción. Y que KISS, con Destroyer, puso el listón donde todavía muchos hoy sueñan con llegar.
Redacción: Izan López
