Megara conquista Barcelona con su universo: 10 años, “4Ñ0 C3R0” y un show en Razzmatazz 2

Hay bandas que se construyen a base de canciones. Y hay otras que, además, se construyen a base de insistencia, de carretera, de intentos, de volver a levantarse cuando el plan A no sale y seguir empujando como si la escena dependiera de ello. Megara pertenece claramente al segundo grupo. Y el sábado 7 de febrero, en Razzmatazz 2 (Barcelona), celebraron su 10º aniversario como se celebran las cosas importantes, con un directo grande, ambicioso y con una identidad tan marcada que, aunque la sala no estuviera a reventar, la sensación fue la de estar viendo a una banda que no sabe actuar a medias.
Una sala a medio gas… y un escenario pensado para lo grande
Razzmatazz 2 no es pequeña, ronda el millar de aforo. Y esa noche la foto era evidente. La sala se movía alrededor de un 30% de ocupación. Se veía espacio, se respiraba ancho. Pero lejos de deslucirles, el dato contaba otra historia. Megara eligió el recinto por las dimensiones del escenario y por lo que querían montar arriba, no por el número exacto de cuerpos abajo. De hecho, el mismo show en Madrid está programado para el 13 de marzo en una sala más reducida (Revi Live, unas 500 personas), así que todo apunta a que el planteamiento era consciente, adaptar el mapa sin recortar el universo.
Y es que aquí la clave fue esa. No se recorta.
Astray Valley, un calentamiento a juego
Las teloneras, Astray Valley, encajaban como pieza natural dentro del engranaje. Sonaron sólidas, con un rollo musical cercano al de Megara, y cumplieron lo más difícil en un arranque, el preparar el terreno sin parecer una nota al pie. Dejaron al público ya metido en el clima, con la energía lista para el cambio de marcha.

"Hostia, que me mato": cuando el error te humaniza
El concierto arrancó con una escena que, paradójicamente, explica por qué Megara conecta. Kenzy siendo Kenzy. Un pequeño tropiezo y ese "hostia, que me mato" que soltó al momento. La sala se rió, se rompió la tensión y se creó algo valioso, esa sensación de que lo que iba a pasar no era un guion perfecto, sino un directo vivo. Y a partir de ahí, todo fue hacia arriba.
Seis bailarinas, luces bestias y una banda que entiende el show como un todo
Megara celebraba 10 años y se notó en el planteamiento. Seis bailarinas, un diseño de luces realmente potente y una puesta en escena que no se queda en acompañar la música, sino en expandirla. Esto no era un concierto de "vamos a tocar el disco", era más una performance con estética propia, con narrativa y con intención.
Pero si el envoltorio fue enorme, lo que más sostuvo el edificio fue la banda como banda.
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Rober fue una de las grandes razones por las que la noche impresionó. Manejo de guitarra, teatralidad, presencia… de esos músicos que hablan con el cuerpo. De verdad, cuesta no pensar en él como uno de los guitarristas más potentes del panorama nacional actual cuando se le ve así, tan seguro y tan personaje.
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Y Ra, directamente, es un capítulo aparte. Energía, pegada, precisión y actitud. De esas baterías que hacen que el directo respire distinto porque todo se mueve alrededor del golpe. Una bestia.
Ese "este mundo es pequeño, todos nos conocemos" se sentía en el ambiente. Público fiel, caras que se repiten entre escenas, una comunidad alrededor del proyecto. Y Megara, en ese contexto, no juega a parecer grande, lo es, por propuesta.

El viaje de "4Ñ0 C3R0": apocalipsis emocional y hambre de futuro
El nuevo disco, 4Ñ0 C3R0, es un concepto con punch. Un "año cero" como paisaje apocalíptico y emocional, donde aparece la desconexión, la pérdida de esperanza, la búsqueda de libertad… pero también ese magnetismo de lo nuevo, de lo que todavía no está escrito. En directo, esa idea funciona porque Megara ya tiene un lenguaje visual y sonoro que casa con lo distópico. Tiene una estética fuerte, contraste entre oscuridad y brillo, y un ritmo pensado para que el show no decaiga.
Y aun así, no lo fiaron todo al presente. Además de las canciones del nuevo trabajo, el setlist incluyó temas de su trayectoria, recordando por qué han terminado siendo una formación singular, porque lo dan todo. Sin postureo. Sin freno. Con esa sensación de "esto es lo que somos y vamos a por ello".
La parte humana: prensa, cercanía y fotos en el merch
Un detalle que suma (y que a veces se olvida) es cómo te recibe un equipo cuando vas a trabajar. En la entrada, a la prensa se nos trató especialmente bien, con material que facilitaba las cosas. Hubo algo de desorganización al final, sí, pero el recuerdo general quedó positivo. Profesionalidad, buena voluntad y una experiencia amable.
Y luego está lo que remata la noche para muchos fans. Kenzy saliendo al puesto de merch a sacarse fotos con buena parte de quienes se quedaron. Ese gesto no es menor. Es el tipo de cercanía que convierte "me gustó el concierto" en "me siento parte de esto".
Sí, la sala no estaba llena. Pero Megara actuó como si lo estuviera. Y eso, en realidad, define a una banda con hambre, la que no mide su entrega por el aforo, sino por el escenario. Su 10º aniversario en Barcelona fue un recordatorio de que su propuesta va más allá de las canciones. Es un mundo propio, apocalíptico y pop, metal y teatral, exagerado y humano. Un universo que, cuando se enciende, te conquista.
Redacción: Izan López
Fotografía: Mireia Llaguno
Acreditación: Megara
