Los 12 mejores álbumes de 2025: volver a casa (de mil formas distintas)

En 2025, si hubo una idea que pareció unir a los mejores discos del año fue el concepto de hogar. Hogar podía significar volver a los sonidos que te acompañaron de pequeño, o regresar a los géneros que definieron tus primeros hits y mirarlos desde un ángulo nuevo. Podía ser también quedarse despierto de madrugada, con la cabeza llena, intentando entender quién eres cuando todo cambia, o pasar noches largas rumiando sobre un amor que no terminó como lo imaginabas. Y, para más de un artista, "casa" fue la pista de baile, el club, la energía de un pogo, o incluso la guía (casi espiritual) de quienes vinieron antes.
Con esas preguntas en el centro, este año se jugó con todo: del rock más teatral al metal técnico, del pop maximalista a la urgencia hardcore, del directo como documento vital a la canción de autor con olor a carretera. Fue un gran año: proyectos enormes conviviendo con apuestas valientes, y artistas en plena reinvención encontrando, a su manera, el camino de vuelta a casa.
A continuación, nuestros 12 álbumes favoritos de 2025.
1) Idols — YUNGBLUD
En Idols, YUNGBLUD suena como si estuviera escribiendo su propio manifiesto en la pared de su habitación, con el volumen al límite. El disco abraza esa sensación de crecer a golpes: la necesidad de pertenecer, el vértigo de la fama, la rabia como combustible y el corazón como punto débil. Entre guitarras que muerden, grandes estribillos y momentos de vulnerabilidad sin el maquillaje que le caracteriza, el británico convierte la idea de "ídolo" en una pregunta incómoda: ¿a quién miras cuando te estás quedando sin suelo?
Aquí hay hits para cantar con los ojos cerrados, pero también un pulso confesional que aterriza todo. Idols es regreso y ruptura a la vez: una casa que se construye a base de ruido, fe y cicatrices.
2) MAYHEM — Lady Gaga
En MAYHEM, Lady Gaga vuelve a coquetear con ese filo oscuro que marcó parte de sus primeros años, pero lo hace desde otro lugar: más dueña de sí misma, más precisa, más tranquila en medio del caos. El disco se mueve con naturalidad entre synth-pop, rock, funk y destellos disco, como si Gaga se permitiera jugar sin perder el control.
La fama vuelve a aparecer como tema central, sí, pero ahora no suena a condena: suena a espejo. Entre canciones sobre deseo, identidad y el precio de ser un icono, lo que más se impone es una celebración luminosa, casi desafiante, de la vida (y del amor) en mitad del ruido. MAYHEM demuestra que el caos también puede ser hogar cuando aprendes a habitarlo.
3) Live from Auditorio Nacional, CDMX — The Warning
Hay directos que son un "grandes éxitos" con público, y luego está Live from Auditorio Nacional, CDMX, que suena a fotografía, a emoción: un momento exacto en el que una banda y su gente se reconocen como familia. The Warning captura la tensión del escenario con una energía que no se puede fingir.
Lo mejor es cómo el disco deja oír el espacio: el rugido del auditorio, las respiraciones, esa sensación de estar dentro de algo más grande que la suma de canciones. Recuerda que, a veces, "casa" es un recinto lleno… cuando todos cantan lo mismo.
4) Skeletá — Ghost
Skeletá, con su teatralidad y su pulso de ceremonia, se siente como entrar a una catedral construida con amplificadores. Ghost entiende como pocos el poder de la puesta en escena, pero aquí la grandeza no es un disfraz: es el idioma. Entre riffs que suenan brillantes, coros y una producción que hace que todo parezca enorme, el álbum explora la dualidad entre lo sagrado y lo carnal, entre el personaje y la persona, entre la máscara y lo que queda cuando se cae.
Hay un placer casi perverso en lo pegadizo que puede ser lo oscuro, y Skeletá lo aprovecha con inteligencia: seduce, amenaza y abraza. Es un hogar gótico, cálido a su manera: uno al que vuelves porque ahí todo (incluso el miedo) suena precioso.
5) DMNS & MOSQUITOES — Baby Lasagna
Baby Lasagna firma un disco que corre como si tuviera prisa por llegar a alguna parte (y, a la vez, como si no quisiera terminar nunca la fiesta). DMNS & MOSQUITOES es un choque de impulsos: humor y ansiedad, euforia y resaca, baile y confesión. La energía es nerviosa, metalera, las canciones se sienten pensadas para saltar, sudar y gritar, pero también para soltar una verdad incómoda entre paréntesis.
La gracia está en ese equilibrio: lo inmediato no impide que haya capas, y lo divertido no tapa lo vulnerable. En un año donde muchos discos buscaron "hogar", este lo encuentra en el movimiento: en no quedarse quieto, en seguir adelante aunque piquen los mosquitos y te persigan los demonios.
6) Entre Bodegas y Ferias — Paco Pecado
Entre Bodegas y Ferias huele a carretera, a luces de verbena y a conversaciones que empiezan con risa y acaban con verdades. Paco Pecado construye un universo donde la tradición no es museo, sino presente vivo. Hay canciones que suenan a brindis y otras a despedida, letras que retratan personajes, lugares y pequeñas derrotas con una cercanía casi de cine.
El disco juega con lo popular sin mirar por encima del hombro, y ahí está su fuerza, en cómo convierte lo cotidiano en épica íntima. "Casa", aquí, no es un sitio perfecto. Es un mapa de bodegas donde te refugias, ferias donde te pierdes, y el regreso a la mañana siguiente con la misma pregunta de siempre: ¿qué parte de mí se quedó anoche?
7) FUNNY little FEARS — Damiano David
En FUNNY little FEARS, Damiano David deja que el foco ilumine también las dudas. Es un disco que suena a confesión sin dramatismo de más, el tipo de sinceridad que no busca quedar bien, sino respirar. Entre momentos de pop oscuro, guiños de rock y pasajes más desnudos, el álbum explora ese territorio raro donde el miedo y el deseo comparten cama.
Damiano canta sobre identidad, expectativas, amor y vértigo con una mezcla de carisma y fragilidad que engancha precisamente por la humanidad que tiene. El resultado es una especie de diario donde no todo está resuelto, y ahí está la gracia. FUNNY little FEARS convierte lo que normalmente escondemos (las inseguridades pequeñas, las manías, la ansiedad silenciosa) en un hogar compartido. Te reconoce y te deja quedarte.
8) Volevo essere un duro — Lucio Corsi
El título lo dice todo. Volevo essere un duro suena a la frase que te repites antes de aceptar que no hace falta ser "duro" para ser real. Lucio Corsi construye un álbum de autor que mira a la masculinidad, al orgullo y a la ternura con ironía suave y melancolía.
Aquí hay cuentos, escenas, personajes que podrían cruzarse contigo en un bar de madrugada, y melodías que parecen antiguas aunque nazcan ahora. El disco se mueve con elegancia entre lo íntimo y lo teatral, como si cada canción fuera una pequeña obra. En el fondo, es un regreso a uno mismo, a esa parte vulnerable que intentamos esconder bajo una chaqueta grande. Y, sin embargo, es ahí donde termina viviendo lo más verdadero.
9) NEVER ENOUGH — Turnstile
NEVER ENOUGH es adrenalina con una dirección artística a estudiar. Turnstile vuelven a recordarnos que esa purificación también puede ser elegante. Tienen una capacidad rara de sonar enormes sin perder el ambiente del sótano.
El álbum alterna furia y claridad, como si el grupo entendiera que el pogo y la emoción van de la mano. La idea de "nunca es suficiente" no se queda en el gesto, sino que se siente como una filosofía de vida, y esto pasa por cada canción. En un año de "hogares" musicales, Turnstile proponen uno hecho de movimiento: un sitio donde entras para romperte un poco... e incluso sales mejor armado.
10) Bravo — Sexy Zebras
Bravo es un puñetazo que sonríe. Sexy Zebras firman un disco que suena a noche cerrada y calle abierta, rock sin complejos, guitarras que te invitan a saltar y letras chulas, irónicas, con un fondo emocional que asoma cuando menos te lo esperas.
El álbum tiene ese don de lo inmediato (estribillos pegadizos, energía de banda) pero también tiene un punto narrativo, generacional, de "esto es lo que hay y con esto tiramos". Aquí "casa" puede ser un local de ensayo, una sala pequeña o el asiento trasero de un coche después del concierto. Bravo entiende algo simple: a veces, sobrevivir también es celebrarlo todo. Y hacerlo a gritos, al puro estilo Sexy Zebras, una de las bandas más auténticas del panorama nacional.
11) Duél — Jinjer
Jinjer entregan en Duél un disco que parece como un combate interno puesto en música, con una técnica impecable, cambios de dinámica milimétricos y una intensidad innegociable. El álbum va viajando entre la agresión y la belleza con una naturalidad un tanto inquietante, con esos guturales que rasgan y, de pronto, un pasaje casi etéreo que te deja sin defensa.
Lo impresionante es cómo está todo está al servicio del mensaje: el duelo como pérdida, sí, pero también como enfrentamiento, como transformación. Aquí no hay postureo. En un año de regresos "a casa", Duél sugiere que a veces el hogar es un lugar difícil dentro de ti, uno al que vuelves para entender quién eras… y salir convertido en otra cosa.
12) Lux — ROSALÍA
Escuchar Lux es como entrar en un espacio sagrado y contemporáneo a la vez. Rosalía plantea un álbum ambicioso, de brillo y sombra, de tradición y futurismo, de cuerpo y de espíritu. La producción construye una arquitectura donde lo clásico roza con lo electrónico (a veces de forma íntima, a veces de forma monumental), parece que intenta buscar sentido en medio del exceso.
Hay canciones que deslumbran por su intensidad emocional, otras por su precisión, y otras por ese riesgo de empujar cosas conocidas hacia algo nuevo. Lux quiere sonar grande, pero también quiere significar algo. Esto lo consigue cuando convierte la luz (la fama, el deseo, la fe, el foco) en una pregunta sobre identidad. Al final, el hogar de este disco es ese lugar raro donde conviven lo humano y lo mítico, donde te reconoces incluso cuando todo brilla demasiado.
Si 2025 nos dejó una lección, es que "volver a casa" no siempre implica mirar atrás, a veces significa volver a aprender a habitar en ti mismo, encontrar tu tribu en un concierto, o construir refugio con una canción cuando el mundo te aprieta. Estos 12 discos lo hicieron desde lugares muy distintos, pero con un mismo gesto de fondo: abrir una puerta y decir, a su manera, pasa, aquí también puedes quedarte.
Redacción: Izan López
