Muse recupera la mística en The Wow! Signal: un viaje cósmico hacia su mejor versión en años

30.06.2026

Después de más de dos décadas llevando el rock de estadios hasta sus límites, Muse sigue negándose a hacer las cosas a medias. Con The Wow! Signal, su décimo álbum de estudio publicado este 26 de junio a través de Warner Records, el trío británico vuelve a mirar al espacio para construir un disco gigantesco, teatral y desacomplejadamente ambicioso. Lejos de intentar seguir tendencias, Matt Bellamy, Chris Wolstenholme y Dominic Howard abrazan de nuevo la identidad que los convirtió en una de las bandas más espectaculares del siglo XXI.

El título del álbum nace de uno de los mayores misterios de la astronomía moderna: la famosa "Wow! Signal", una señal de radio de 72 segundos captada en 1977 por el radiotelescopio Big Ear de la Universidad Estatal de Ohio. Su origen continúa siendo un enigma casi cincuenta años después y esa mezcla de fascinación científica, incertidumbre y búsqueda de respuestas impregna buena parte del imaginario del disco.

Una producción tan grande como el universo que imagina

Producido por Dan Lancaster (conocido por sus trabajos junto a Bring Me The Horizon o Blink-182) y con la colaboración de Aleks Von Korff, BloodPop® y la London Metropolitan Orchestra en cuerdas y coros, The Wow! Signal expande la fórmula clásica de Muse sin perder de vista la experimentación.

Antes del lanzamiento, la banda ya había mostrado varias piezas del álbum mediante los sencillos "Be With You", "Unravelling", "Cryogen", "Hexagons" y "Nightshift Superstar", además de una llamativa campaña promocional que llevó un dispositivo hasta los 33 kilómetros de altura junto a Sent Into Space para presentar el videoclip de "Be With You".

Todo anticipaba un regreso de grandes dimensiones. El resultado confirma esas expectativas.

El regreso de la épica... pero también de las ideas

Si Will Of The People (2022) fue recibido por muchos seguidores como una continuación correcta, aunque previsible, de la etapa reciente del grupo, The Wow! Signal encuentra un equilibrio mucho más convincente entre el espectáculo y la creatividad.

La apertura con "The Dark Forest" marca el tono desde el primer minuto. Órganos de inspiración sacra, cuerdas cinematográficas, bajos sintetizados y un impresionante coro en latín construyen una introducción que parece situarse a medio camino entre una ópera espacial y una banda sonora apocalíptica. Bellamy canta sobre la extinción y el destino de la humanidad mientras la producción alcanza cotas casi desmesuradas, pero sorprendentemente controladas.

Esa grandilocuencia, marca de la casa desde Absolution o Black Holes and Revelations, vuelve a sentirse plenamente justificada.

Funk, electrónica y nuevos matices

Uno de los mayores aciertos del disco es no quedarse únicamente en el dramatismo.

"Nightshift Superstar" introduce un inesperado groove de bajo pesado con claras influencias del funk y la música disco, mientras Bellamy juega con registros en falsete acompañados por arreglos de cuerda que recuerdan al tratamiento electrónico francés popularizado por Daft Punk.

Más adelante, "Hexagons" combina guitarras ejecutadas con técnica de tapping, sintetizadores brillantes y melodías que dialogan directamente con la etapa más futurista del grupo, llegando incluso a evocar la energía de Knights of Cydonia sin caer en la simple nostalgia.

Por su parte, "Be With You" recupera la teatralidad que siempre ha acompañado a Muse. El órgano eclesiástico inicial desemboca en un crescendo gigantesco donde cada capa instrumental parece representar el choque entre galaxias, confirmando que la banda continúa manejando la espectacularidad como muy pocos artistas del rock contemporáneo.

Sensualidad dentro del caos

Aunque la épica domina buena parte del álbum, también aparecen momentos mucho más contenidos.

Canciones como "Shimmering Scars", "The Sickness In You & I" o "Hush", esta última con la participación de Ellie Goulding, introducen un carácter más íntimo y emocional sin abandonar el universo conceptual del disco. La mezcla entre texturas electrónicas, melodías delicadas y guitarras pesadas aporta variedad a un trabajo que evita convertirse en una sucesión constante de explosiones sonoras.

Es precisamente en ese contraste donde The Wow! Signal encuentra parte de su personalidad.

Muse vuelve a creer en sí mismo

Desde hace años resulta habitual encontrar críticas que califican a Muse de excesivos, pretenciosos o grandilocuentes. Lo cierto es que nunca han intentado ser otra cosa.

Este nuevo trabajo acepta completamente esa condición y la convierte en virtud. Como hicieron en su momento Queen, Led Zeppelin o incluso Pink Floyd desde otra perspectiva, Muse sigue apostando por un rock concebido para impresionar, emocionar y ocupar todos los espacios posibles.

La diferencia respecto a algunos de sus discos más recientes es que aquí las canciones sostienen el peso de la producción. Hay melodías memorables, arreglos imaginativos y una sensación permanente de estar escuchando una banda que vuelve a disfrutar construyendo mundos propios.

Un disco pensado para conquistar los estadios

Con diez canciones, The Wow! Signal también parece diseñado pensando en el directo. No es casualidad que el lanzamiento coincida con el inicio de The Wow! Signal Tour, que arrancará durante el mes de julio en Norteamérica antes de continuar por Reino Unido y Europa.

Las nuevas composiciones parecen destinadas a convivir con clásicos como "Hysteria", "Supermassive Black Hole", "Starlight" o "Knights of Cydonia" dentro de un espectáculo que, previsiblemente, volverá a apostar por la monumentalidad visual que siempre ha caracterizado a la banda.

Lejos de reinventarse por completo, Muse ha optado por perfeccionar aquello que mejor sabe hacer. The Wow! Signal recupera la mística, la ciencia ficción, los coros grandiosos, los riffs gigantes y la teatralidad que definieron algunos de los momentos más inspirados de su carrera, incorporando además nuevas influencias electrónicas y funk que enriquecen el conjunto.

Puede que siga siendo un disco desmesurado. Puede que algunos continúen considerando excesiva su forma de entender el rock. Pero precisamente ahí reside la esencia de Muse: en no pedir permiso para sonar enorme.

Y esta vez, además, lo hacen con uno de sus trabajos más inspirados de la última década.


Redacción: Izan López

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