Ojete Calor convierte el Poble Espanyol en la gran fiesta del subnopop

Carlos Areces y Aníbal Gómez llevaron su particular mezcla de electropop, humor absurdo y espectáculo al BARTS Festival 2026 en una noche de karaoke, invitados inesperados y un público completamente entregado.
A estas alturas cabe hacerse una pregunta: ¿queda alguien en los alrededores de Barcelona que todavía no haya visto a Ojete Calor en directo? Carlos Areces y Aníbal Gómez llevan años apareciendo con regularidad por salas, festivales y fiestas populares de la Ciudad Condal y su área metropolitana. Sin embargo, la repetición no parece haber desgastado demasiado la fórmula. Uno vuelve a encontrárselos y termina haciendo exactamente lo mismo: dejarse arrastrar por la marea.
Porque hablar de un concierto de Ojete Calor únicamente en términos musicales resulta complicado. Su denominado subnopop vive en algún punto entre el electropop, el karaoke colectivo, la performance y el espectáculo de comedia. Las canciones importan, evidentemente, pero también los vídeos, los disfraces, las bromas, las versiones imposibles y esa permanente sensación de que cualquier estupidez puede convertirse en el siguiente gran momento del concierto.
Su visita al BARTS Festival 2026, el 19 de julio en el Poble Espanyol de Barcelona, volvió a demostrarlo.
Del pasodoble al karaoke colectivo
La noche comenzó siguiendo uno de los rituales habituales del dúo: la entrada de Helmut Lotti interpretando el archiconocido pasodoble «Valencia». Una declaración de intenciones bastante precisa para lo que vendría después.
La Plaza Mayor del Poble Espanyol tardó poco en transformarse en una fiesta sin demasiado interés por el pudor. «0'60» y «Morreo» funcionaron como dos enormes karaokes, con las letras proyectadas en las pantallas gigantes mientras el público se encargaba de hacer buena parte del trabajo vocal.
Pero el primer gran golpe escénico llegó con «Vintage». Aníbal Gómez se convirtió para la ocasión en una suerte de Super Mario humano que interactuaba con la pantalla trasera. Es justamente ahí donde mejor se entiende el universo Ojete Calor: una canción puede funcionar por sí sola, pero sobre el escenario siempre existe algún elemento dispuesto a llevar el disparate un poco más lejos.
Para entonces, el concierto ya estaba completamente desatado.
Aquí nadie sale indemne
Entre canción y canción, Areces y Gómez fueron encadenando chascarrillos sobre prácticamente cualquier asunto que se cruzara por el camino. Hubo referencias a obras eternas, a Amaia Montero y su regreso con La Oreja de Van Gogh, al balconing y a cualquier tema susceptible de ser pasado por el filtro del humor irreverente del dúo.
Uno de los remates de la noche llegó cuando dejaron para la posteridad una cuestión que probablemente nadie se había planteado hasta entonces: que la familia Bardem nunca se había solidarizado con las mujeres perseguidas por un cyborg.
La introducción, por supuesto, desembocó en «Cuidado con el cyborg (Corre Sarah Connor)», uno de esos temas que explican bastante bien cómo Ojete Calor ha conseguido convertir referencias culturales, humor deliberadamente absurdo y electrónica pegadiza en auténticos himnos para su público.
No había demasiada intención de ofrecer tregua. Tampoco parecía que nadie la estuviera pidiendo.

Tino de Parchís, Berto, Buenafuente y Silvia Abril: empieza el desfile
Con el público definitivamente ganado, comenzaron a aparecer los invitados.
Uno de los encuentros más inesperados fue el de Tino de Parchís, que se unió a Areces y Gómez para interpretar «Comando G». Lo que ya era suficientemente improbable terminó mutando, además, en una versión de «One More Time» de Daft Punk.
Pero todavía quedaban más caras conocidas.
Berto Romero y Andreu Buenafuente aparecieron para participar en «Mocatriz», uno de los grandes clásicos del repertorio del dúo. Una canción que resume como pocas esa capacidad de Ojete Calor para fabricar palabras, conceptos y estribillos que empiezan como una broma y terminan formando parte de un vocabulario compartido por miles de personas.
Y entonces llegó Silvia Abril, caracterizada como la niña de Shrek, recorriendo el escenario durante «Vete a tu casa», la particular reinterpretación que Ojete Calor ha construido alrededor de «Freed from Desire» de Gala.
En ese momento, intentar establecer dónde terminaba el concierto y dónde comenzaba el espectáculo de variedades ya era una tarea completamente inútil.
«Viejoven», Manolo Escobar y la apoteosis final
«Viejoven» abrió el camino hacia el desenlace con otro baño de masas. A esas alturas, la Plaza Mayor estaba completamente en manos de Carlos Areces y Aníbal Gómez.
Tras la salida momentánea del escenario llegaron los bises. Y si alguien esperaba un regreso convencional, probablemente se encontraba en el concierto equivocado.
Ojete Calor reapareció con «Y viva España» de Manolo Escobar.
El pasodoble se convirtió en uno de los últimos grandes momentos de comunión colectiva de una noche en la que el dúo volvió a demostrar que su método consiste precisamente en juntar elementos aparentemente incompatibles hasta que, por alguna razón, todo termina funcionando.
Después del descojone generalizado quedaba todavía una última bala. «Tonta gilipó» puso el cierre definitivo, dejando a los miles de asistentes entregados a una propuesta que continúa funcionando más de una década después de su nacimiento.

Una broma que se negó a caducar
Cuando apareció Ojete Calor era relativamente fácil pensar que aquello tendría fecha de caducidad. El propio concepto de subnopop, las letras deliberadamente absurdas, los videoclips, la estética y la provocación parecían diseñados para sobrevivir mientras durara la novedad.
El tiempo ha demostrado lo contrario.
Carlos Areces y Aníbal Gómez han convertido aquello en un universo propio. Y una parte importante de su longevidad se entiende precisamente cuando se les ve sobre un escenario. Sus conciertos no dependen únicamente de escuchar «Mocatriz», «Opino de qué», «Viejoven» o cualquiera de sus canciones más reconocibles. Dependen de todo lo que ocurre alrededor.
Hay parodia, disfraces, vídeos, versiones, invitados, improvisación, chistes y un público dispuesto a participar desde el primer minuto. Uno puede salir afónico de cantar y con lágrimas en los ojos de tanto reír.
Quizá esa sea la verdadera razón por la que Ojete Calor continúa llenando escenarios después de tantos años. En tiempos particularmente propensos a la solemnidad, ellos siguen defendiendo el derecho a hacer el idiota durante un par de horas.
Y viendo el Poble Espanyol convertido nuevamente en una fiesta, parece que todavía nos hace bastante falta.

Tras su paso por Barcelona, el dúo continuará su agenda de verano y otoño con actuaciones el 1 de agosto en Low Festival (Torrevieja), 8 de agosto en Sonorama Ribera 2026 (Aranda de Duero), 15 de agosto en La Mina (Conil de la Frontera), 5 de septiembre en Vive Latino (Zaragoza), 24 de octubre en Holi Not Holi (Torremolinos) y 7 de noviembre en Marina Norte (Valencia).
Redacción: Izan López
Fotografía: Ramiro Benítez
Acreditación: The Project
