Peggy Gou en Barcelona: una noche electrónica junto al mar

Hay noches en Barcelona que parecen diseñadas para que la ciudad se recuerde a sí misma por qué es lo que es. Este sábado, con el mar al lado y el aire de costa metiéndose por el recinto, el Parc del Fòrum volvió a convertirse en ese punto de encuentro donde la electrónica es paisaje, ritual colectivo, y un pulso que se mueve al ritmo de la luz y del cuerpo.
Desde primeras horas de la tarde, el público empezó a llegar en oleadas. Se notaba que era una cita marcada en el calendario. Grupos entrando con calma, gente buscando su sitio, un runrún de expectación que crecía a medida que el sonido empezaba a construir la noche.
Verushka: el inicio ascendente
La primera en dibujar el tono fue Verushka, con un set que trabajó la paciencia de forma inteligente. Líneas hipnóticas, guiños acid y construcciones progresivas que no buscaban el golpe inmediato, sino la sensación de subida constante.
Su música actuó como una escalera. Peldaño a peldaño, el ambiente se fue tensando y el recinto se llenó rápidamente. No era solo poner temas, era crear atmósfera, preparar el terreno para lo que venía después.
Job Jobse: giro más cálido y energía en aumento
Tras el cierre de Verushka, el testigo pasó a Job Jobse, y el guion cambió de color. Su selección aportó un giro más enérgico sin perder elegancia. House melódico, ritmos cálidos y una manera de empujar al público que se notó desde el primer tramo.
Ahí llegó el primer gran momento de la noche. La audiencia respondió con entusiasmo inmediato, como si el set hubiera encendido un interruptor. El Fòrum ya era una pista en marcha, organizada alrededor de un ritmo común.

Peggy Gou: cuando la pista estalla
Y entonces apareció ella, Peggy Gou, y la intensidad subió otro nivel.
Su enfoque (ese house con matices noventeros y toques acid tan reconocible) tuvo un efecto inmediato. El público estalló en movimiento. De repente, todo se volvió más dinámico, más físico, más ahora. Lo que hasta ese momento era una progresión, se convirtió en fiesta.
Peggy tiene esa capacidad de sonar contemporánea sin perder el guiño a épocas que todavía se sienten modernas. El 90s house como lenguaje universal, el acid como picante, la pista como lugar donde todo se entiende sin palabras. Y en Barcelona, con el mar al lado, esa mezcla encajó como si el escenario estuviera hecho a medida.
Si además hay algo que se percibe en su figura pública (más allá de la cabina) es ese magnetismo de tastemaker. Alguien que entiende la música como cultura, como estética, como tendencia, pero también como fiesta real. Y esa mezcla, cuando funciona, no se queda en pose.
Dixon: profundidad y un cierre elegante
Para cerrar, Dixon tomó el relevo con otra energía, con menos explosión y más dirección. Su set aportó profundidad y cohesión, con un enfoque melódico-techno cuidadosamente estructurado para guiar la noche hacia un final potente y elegante.
Fue un cierre con sentido de arco, ya que no se trataba de rematar con ruido, sino de conducir el pulso hasta dejarlo bien colocado, como quien baja el telón con una última frase precisa.

Más allá de nombres y sets, la noche dejó un mensaje claro. Este tipo de encuentros subrayan el papel de Barcelona en la escena electrónica mediterránea. Talento global, curaduría definida y un escenario junto al mar que lo cambia todo, la música se escucha distinto cuando la brisa entra en la pista.
Y eso fue lo que ocurrió, una noche electrónica, construida por capas (hipnosis, groove, estallido y profundidad) hasta quedarse en esa sensación que solo aparece cuando el directo y el lugar se alinean.
Una pista, un mar, y Barcelona haciendo lo que mejor sabe hacer, convertirse en hogar temporal para quienes entienden la noche como idioma.
Redacción: Anamaria Sarkozi
Acreditación: Primavera Tours
