Resurrection Fest 2026: volver a Viveiro para parar el tiempo entre fuego, pogos y locura entre el público

05.07.2026

Iron Maiden, Limp Bizkit, Marilyn Manson, Sabaton, A Day To Remember, Mastodon, Trivium, Anthrax, Testament, P.O.D., Cavalera o The Rasmus. Pocas citas europeas son capaces de reunir semejante diversidad sin perder personalidad. Y, sin embargo, eso es precisamente lo que volvió a demostrar el Resurrection Fest 2026, celebrado del 1 al 4 de julio en Viveiro (Lugo).

Hay festivales a los que uno asiste. Y luego están aquellos a los que siempre termina volviendo. Resurrection Fest pertenece desde hace años a esa segunda categoría. Bajo el lema "A Place Called Home", su vigesimoprimera edición volvió a convertir Viveiro en la capital del rock y el metal europeo durante cuatro jornadas en las que miles de personas compartieron música, amistad y una sensación difícil de explicar con palabras: la de volver a casa.

El Resu ya no es solamente un festival. Es un punto de encuentro anual. Un lugar donde el tiempo parece detenerse entre abrazos, camisetas negras, crowd surfing, olor a pólvora, playas gallegas y noches largas.

Un festival que sigue creciendo sin perder su identidad

Pese a que el recinto parece haber alcanzado prácticamente su límite físico, la organización volvió a demostrar una capacidad admirable para mejorar la experiencia edición tras edición. Accesos más ágiles, mejor distribución de espacios, una oferta gastronómica cada vez más amplia y unos servicios muy cuidados reforzaron la sensación de estar ante uno de los festivales mejor organizados de Europa.

No todo fue perfecto. La gestión del aparcamiento volvió a convertirse en uno de los principales puntos débiles tras el cierre de una de las zonas habituales, complicando la llegada de numerosos asistentes alojados en localidades cercanas. También resultó evidente que el escenario Ritual comienza a quedarse pequeño para el crecimiento que ha experimentado el festival y el nivel de muchas de las bandas que acoge.

Más allá de esos detalles, Resurrection Fest volvió a confirmar que sigue evolucionando sin renunciar a aquello que lo hace único.

Miércoles: la vuelta a Viveiro y la épica de Sabaton

El primer día siempre tiene algo especial.

Volver a cruzar las puertas del recinto supone reencontrarse con amigos, con recuerdos y con una versión de uno mismo que parece permanecer esperando cada verano entre las montañas y la ría de Viveiro.

La jornada arrancó con fuerza gracias a propuestas como President, Thrown, Self Deception o los euskaldunes Lampr3a, una de las grandes sorpresas musicales del día gracias a su brillante propuesta de metal progresivo.

La fiesta terminó de explotar con A Day To Remember, responsables de uno de los conciertos más divertidos del festival. Columnas de fuego, humo, confeti, enormes pelotas hinchables, rollos de papel volando sobre el público y un incesante desfile de circle pits y crowd surfing convirtieron el Main Stage en una auténtica celebración colectiva.

La madrugada quedó reservada para Sabaton, grandes protagonistas del miércoles. Los suecos desplegaron toda su maquinaria visual con el característico tanque presidiendo el escenario mientras miles de asistentes coreaban éxitos como Ghost Division, The Last Stand, The Red Baron o Stormtroopers.

El cierre perfecto llegó de la mano de Testament, que recordó por qué sigue siendo uno de los grandes referentes históricos del thrash metal.

Jueves: Iron Maiden volvió a demostrar quién sigue reinando

Si hubo un día marcado en rojo para buena parte del público, fue el jueves.

Desde primera hora era imposible no advertirlo. Camisetas, parches, mochilas y banderas dejaban claro quién ocupaba el centro absoluto de todas las conversaciones: Iron Maiden.

Antes de la llegada de los británicos, Fuet!, Ángelus Apatrida y Anthrax mantuvieron la intensidad en niveles altísimos.

Especialmente contundentes estuvieron los manchegos, responsables del mayor wall of death visto hasta ese momento y de una descarga de thrash absolutamente demoledora.

Pero cuando comenzó a sonar Doctor Doctor de UFO, todo cambió.

Con The Ides of March dando paso al concierto, Iron Maiden ofreció una auténtica lección de historia del heavy metal. Bruce Dickinson volvió a demostrar que sigue siendo uno de los mejores frontman del planeta mientras desfilaban clásicos como Wrathchild, Phantom of the Opera, The Number of the Beast, Powerslave, Run to the Hills, The Trooper, Fear of the Dark o Wasted Years.

Uno de los momentos más celebrados llegó con la recuperación de Infinite Dreams, mientras que The Trooper, con Bruce ondeando primero la bandera británica y después la gallega junto a Eddie, dejó una de las imágenes icónicas de toda la edición.

Iron Maiden no solo actuó.

Reinó.

Viernes: del rock alternativo al caos absoluto con Limp Bizkit

La tercera jornada mostró otra de las grandes virtudes del Resurrection Fest: su capacidad para reunir públicos completamente distintos sin perder coherencia.

Los locales Not Yet aprovecharon la oportunidad para reivindicarse ante un público muy receptivo.

Después llegó The Rasmus, que aportó un necesario respiro melódico con un concierto cercano y lleno de nostalgia para quienes crecieron con ellos durante los años 2000.

El nivel volvió a dispararse con Trivium, que firmó uno de los conciertos técnicamente más impecables del festival. Matt Heafy lideró una actuación brillante donde la precisión instrumental y la intensidad convivieron con una conexión constante con el público.

Pero el gran estallido colectivo llegó con Limp Bizkit.

Horas antes ya no cabía prácticamente nadie frente al escenario principal. Fred Durst volvió a demostrar por qué continúa siendo uno de los frontman más carismáticos del nu metal, mientras Wes Borland acaparaba todas las miradas gracias a una nueva caracterización imposible de ignorar.

Circle pits gigantes, miles de personas saltando al unísono y una fiesta permanente acompañaron un repertorio que confirmó que la banda no necesita reinventarse para seguir funcionando como un auténtico fenómeno en directo.

Sábado: Marilyn Manson puso el broche final

La última jornada mantuvo el nivel altísimo desde primera hora.

P.O.D. devolvió al público a principios de los años 2000 con un concierto lleno de buen ambiente y grandes himnos.

Después llegó el turno de Mastodon, responsables de una de las actuaciones más complejas y sofisticadas del festival. Su propuesta, basada mucho más en los matices que en el impacto inmediato, volvió a confirmar por qué siguen siendo una referencia absoluta dentro del metal progresivo.

La noche, sin embargo, tenía un nombre propio.

Marilyn Manson.

Su regreso a España era uno de los conciertos más esperados de toda la edición y no defraudó. El estadounidense presentó una versión mucho más centrada y sólida de sí mismo, apoyándose tanto en clásicos como Disposable Teens, The Nobodies, The Dope Show, Sweet Dreams, mOBSCENE o The Beautiful People como en nuevo material perteneciente a su actual etapa artística.

Especialmente celebrado fue el estreno en directo de Exit Wound, así como el inesperado cierre con Personal Jesus, versión del clásico de Depeche Mode que no interpretaba desde hacía años.

Más contenido que provocador, pero igual de magnético, Manson firmó uno de los conciertos más impactantes del festival.

Un festival donde todos encuentran su sitio

Si algo volvió a demostrar Resurrection Fest 2026 es que su mayor fortaleza no reside únicamente en los cabezas de cartel.

Está en esa convivencia natural entre generaciones, estilos y formas completamente distintas de entender el metal.

Aquí caben el power metal de Sabaton, el heavy clásico de Iron Maiden, el thrash de Testament y Anthrax, el metal progresivo de Mastodon, el nu metal de Limp Bizkit y P.O.D., el rock alternativo de The Rasmus, el hardcore más salvaje o las bandas emergentes que encuentran en Viveiro el escaparate perfecto para darse a conocer.

Pocos festivales pueden presumir de semejante amplitud sin perder personalidad.

Cuando las luces se apagaron definitivamente y comenzó el regreso a casa, volvió esa sensación que solo produce Resurrection Fest.

La de haber vivido cuatro días fuera del tiempo.

Cuatro días donde el fuego iluminó las noches, los pits parecían infinitos y miles de personas compartieron una misma pasión sin importar de dónde venían o qué banda esperaban con más ganas.

Porque Resurrection Fest sigue siendo mucho más que un cartel repleto de nombres históricos.

Es un lugar al que siempre se quiere regresar.

Y cuando termina, lo único que queda claro es una cosa.

Ya estamos deseando volver a Viveiro.


Acreditaciones: Bring The Noise

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