Rojuu en Madrid: La Riviera llena, el público en modo culto y la duda que flota en el aire

Rojuu actuó en La Riviera en una noche muy esperada por sus seguidores, y eso se notaba incluso antes de cruzar la puerta. Desde horas antes, en los alrededores ya había ambiente de cita importante, con público joven, variado, fiel, ocupando la entrada como si el concierto fuera una misa.
Dentro, con la sala casi completa, la sensación era clara: aquí no se venía a curiosear. Se venía a ser testigos de algo.
Un arranque directo: temas nuevos y un sonido que cumplió
Rojuu salió al escenario y abrió el concierto presentando temas de su último proyecto. Desde el inicio, el sonido fue potente y bien equilibrado, permitiendo disfrutar tanto de las bases como de la voz. La propuesta se movió en ese territorio que ya es marca de la casa: trap, pop alternativo y electrónica cruzándose sin pedir permiso.
La fórmula, sobre el papel, funciona. Es un estilo reconocible, con identidad, y con ese punto de "mezcla personal" que hace que sus canciones no suenen intercambiables.
Y, sin embargo, en directo empezó a asomarse la pregunta incómoda.
La conexión con el público: ahí no hubo discusión
Durante todo el concierto, Rojuu alternó canciones nuevas con otras más conocidas de su repertorio. Las más reconocibles fueron coreadas con fuerza, y la conexión con los asistentes se mantuvo constante. El público respondió con entusiasmo, cantando, saltando y acompañando cada tema como si fuera parte de la producción.
La Riviera se comportó como una sala cuando hay fe: ruido, manos arriba, estribillos gritados, gente moviéndose sin preocuparse de nada más.

El concierto también bajó revoluciones (y le sentó bien)
No todo fue empuje. Hubo momentos más tranquilos donde el ritmo bajó y se dio más protagonismo a las letras y al lado emocional de las canciones. Ese contraste fue clave para que el show mantuviera un buen ritmo y no resultara monótono. No era solo pogo y presión, también había espacios para respirar y para escuchar.
En esos tramos, la sala se reacomodaba: menos salto, más atención. Y Rojuu parecía más cómodo en esa grieta donde el directo se vuelve íntimo.
La duda: ¿Rojuu suena mejor en estudio que en directo?
Aquí entra la parte delicada. Porque una cosa es que el concierto funcionara (funcionó) y otra es la pregunta que deja a algunos al salir:
¿Es Rojuu mejor en grabación que sobre el escenario?
Hay artistas cuya música crece en directo, se ensancha, gana músculo. En este caso, la sensación puede ser la contraria, como si en estudio hubiese más detalle, más control, más calidad musical, y en directo parte de esa precisión se diluyera.
No significa que el concierto fuera malo. Significa que la experiencia depende mucho de qué busques:
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si vas por energía, comunidad y emoción compartida, Rojuu te da exactamente lo que quieres.
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si vas por interpretar arte o por escuchar música, quizá notes la distancia.
Y esa duda no es una debilidad necesariamente, es parte del debate que rodea a una escena donde el lenguaje sonoro (bases, capas, tratamiento vocal) a veces se construye más para el estudio que para la sala.

Tras más de una hora de actuación, Rojuu se despidió entre aplausos y gritos. La sensación general fue de satisfacción. El público salió contento, con esa mezcla de sudor y euforia que solo aparece cuando el directo te da lo que prometía.
El concierto en La Riviera confirmó dos cosas:
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que Rojuu está en un buen momento artístico, con un estilo consolidado.
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que tiene capacidad real para llenar salas importantes y conectar con su público en directo.
La tercera cosa (la más interesante) queda abierta. Si lo que hace es bueno o malo quizá ya no sea la pregunta correcta. Tal vez la pregunta sea otra, como ¿qué tipo de artista estamos yendo a ver cuando vamos a ver a Rojuu? Porque a veces no vas a escuchar un concierto perfecto. Vas a estar dentro de una escena que todavía se está definiendo. Y eso, aunque incomode, también tiene su encanto.
Redacción: Almudena Balbuena, Izan López
Acreditación: Primavera Tours
