#TopYear2025 Idols — YUNGBLUD

Hay discos que suenan como una explosión. Y hay otros que suenan como el momento exacto en el que, después de explotar tantas veces, alguien respira hondo y decide ordenar los escombros para construir algo parecido a una casa. Idols es eso, es el punto donde YUNGBLUD deja de pelear con el mundo para mirarse de frente a sí mismo.
Sigue habiendo exceso, comercio y teatro (sería raro lo contrario), pero aquí el dramatismo ya no es solo estética, sino que tiene propósito. Parece que tiene una dirección más clara, más consciente. Como si la energía que siempre ha manejado hubiese encontrado por fin una misión, que puede ser hablar de identidad, comparación y esa necesidad absurda (y tan humana) de "ser alguien" cuando todo alrededor te grita lo contrario.
Un rock que se estira hasta convertirse en mapa
Musicalmente, Idols empuja el rock de YUNGBLUD hasta convertirlo en un territorio, con guitarras potentes, estribillos diseñados para corearse y una producción que entiende algo clave: el shock no sirve de nada si no deja espacio para que la emoción respire.
Lo interesante es que no funciona como un disco de "todo a la primera". Sí, tiene singles clarísimos y momentos pensados para levantar al público en un bolo, pero su verdadera fuerza está en otra parte, en la construcción.
Idols no te pega solo un puñetazo. Te va metiendo dentro. Abre mundo, cambia dinámicas, introduce tensión, la suelta, vuelve a apretar... Es un álbum que se explica mejor con cada escucha, como si te exigiera un mínimo de tiempo a cambio de devolverte una narrativa más completa.
La idea central: autoreclamación, sin pedir permiso
En el corazón de Idols hay un concepto nítido: la autoreclamación. No como eslogan, sino como proceso real, como proceso de mirarte por dentro y decidir quién eres cuando la comparación se ha convertido en deporte olímpico.
La búsqueda de identidad aquí no va de ser diferente por postureo, sino de algo más incómodo, aceptar que estás hecho de contradicciones, que puedes ser confrontativo y frágil a la vez, que puedes gritar y también pedir ayuda. YUNGBLUD siempre ha vivido en esa tensión, pero en este disco la tensión deja de ser ruido y pasa a ser un relato.
A eso se suma un detalle que se nota en el enfoque, y es que el proyecto se plantea como doble álbum (en dos partes), trabajado durante varios años, con una ambición casi sin límites. No suena a disco para cumplir. Suena a disco de decidir.

ADN británico, pero con firma propia
Hay un pulso claramente británico en Idols: cierta tradición de rock emocional, dramatismo pop, actitud de barrio y ambición de estadio. Pero lo que destaca es que, incluso jugando con referencias, nunca deja de sonar a YUNGBLUD.
Cuando se quita la pose (que también está, porque es parte del personaje), aparece algo muy reconocible: un tipo que puede ser gigante en el estribillo y muy humano en el detalle. Un artista que entiende que la vulnerabilidad no es lo contrario de la fuerza, es su combustible.
¿Perfecto? No. ¿Importa? Tampoco tanto
En algunos momentos, Idols coquetea con los tics de su propio universo. Esa tentación de ir siempre un poco más grande, más alto, más todo. Pero incluso cuando roza el exceso, el disco gana por algo más importante, la coherencia y evolución.
Aquí el caos no es solo su actitud característica. Es material narrativo. Y eso cambia todo.

Idols no es solo de lo más fuerte de 2025 por ambición o por sonido. Lo es porque confirma algo que estaba en el aire, pero necesitaba demostración. YUNGBLUD puede convertir el ruido en identidad sin perder su fuerza.
Este disco no le suplica al mundo que lo entienda. No busca validación como antes. Se mueve con otra energía, la de alguien que, por fin, ha encontrado el centro de su propio huracán.
Y cuando un artista aprende a vivir en su caos, el resto (el escenario, las masas, el éxito) deja de ser espectáculo y se convierte en verdad.
Redacción: Izan López
